El maestro es persona, sujeto situado que asume la
educación como una responsabilidad que le concierne.
El maestro debe ser respetado y valorado como un
verdadero profesional de la educación, permitiéndole formular sus propios
proyectos y concediéndole lugares importantes de participación y poder
dentro de la gestión.
Al maestro le
corresponde el rol de facilitador, sistematizador y orientador de las
experiencias educativas intencionadas que se lleven a cabo en el centro. El ejercicio profesional del maestro determina la
calidad de los aprendizajes de los niños y jóvenes, y por eso extraña aún más
la omisión legislativa de su formación inicial sistemática. Se pretende obtener
calidad del trabajo de los maestros sin asegurar su preparación conveniente,
sólo evaluándolos.
Al maestro le
corresponde el rol de facilitador, sistematizador y orientador de las
experiencias educativas intencionadas que se lleven a cabo en el centro. El ejercicio profesional del maestro determina la
calidad de los aprendizajes de los niños y jóvenes, y por eso extraña aún más
la omisión legislativa de su formación inicial sistemática. Se pretende obtener
calidad del trabajo de los maestros sin asegurar su preparación conveniente,
sólo evaluándolos.
No descalifico a los buenos maestros por experiencia,
que sobre todo por su convicción moral honran su profesión. Pero es muy
discutible técnicamente que un sistema de evaluación, por sí sólo, genere
calidad en la enseñanza-aprendizaje; en cambio, es esencial formar a los
maestros de la mejor manera posible, pues eso es la base de un desempeño
cualitativamente adecuado a los perfiles, parámetros y estándares que se
pretende.
El perfil para poder ser formado como maestro, debe
considerar un logro excelente en el nivel educativo requerido como previo, pero
ante todo identificar las cualidades personales, psicológicas y éticas, las
capacidades intelectuales y sociales, las disposiciones culturales y técnicas
que son indispensables. La enseñanza o docencia es una acción, y como tal debe ser
abordada, comprendida y modificada por sus actores. Pedagogía y vida son
convergentes: se trata de que los más jóvenes inicien y avancen en su
maduración perfectiva, forjen una comprensión del mundo y alcancen un
comportamiento acorde a la justicia y a las exigencias sociales. Como queremos
que sea el futuro maestro, así hay que formarlo.
Su formación ha de ser sistemática y rigurosa,
meticulosa en lo técnico y articulada, con lógica y método. Amplia
y científica, es decir fundamentada en filosofía, antropología,
psicología y pedagogía, para comprender al sujeto educativo y asumirse como
tal, apreciando los constitutivos de la intersubjetividad y de las
conformaciones socio-culturales.
El maestro en formación debe ser confrontado
constantemente con la práctica educativa, con la realización de experiencias
pedagógicas y didácticas, a las cuáles debe saber investigar y medir, apreciar
y comprender, corregir y mejorar. La verdadera rectoría de la educación corresponde a cada persona,
y sólo por derivación se aplica a la autoridad de cualquier nivel. Sin aquella,
como principio y fundamento, de nada sirve que se la atribuyan otros. El
empoderamiento de cada individuo en los procesos educativos es la base para que
estos se conviertan en algo mágico, convocantes, y redunden en su crecimiento
auténtico. Sólo como sujeto activo podrá enfrentar y transformar las
condiciones de la sociedad y de un entorno retador y cambiante.
El sujeto primario de la educación es siempre el alumno, ya
que todo debe diseñarse en función de él, actuarse con su participación viva,
evaluarse y corregirse también con su intervención: sólo así la educación
resulta en un valor agregado.
El maestro en el proceso formativo es también educando y por ello sujeto, pues diseña actividades, concita la imaginación y la libertad, actúa con técnica y flexibilidad, etc., todo con la intencionalidad del desarrollo de sus pupilos y mediante ello aprende y crece también él.
El maestro en el proceso formativo es también educando y por ello sujeto, pues diseña actividades, concita la imaginación y la libertad, actúa con técnica y flexibilidad, etc., todo con la intencionalidad del desarrollo de sus pupilos y mediante ello aprende y crece también él.
La conformación del maestro como sujeto significa que sea
protagonista, agente que decide sobre el proceso de sus alumnos, a los que
impulsa y alienta creativamente.
Formarlos con esa lógica es empoderarlos para transformar la
educación. Mientras en su preparación no sea superado el enfoque inductivo para
adaptarse y simular con el fin de sacar el mayor provecho posible del sistema
educativo, no desarrollaremos verdaderos maestros, capaces de introducirse e
introducir a los niños y jóvenes en el misterio de la realidad, en los desafíos
de elegir, de querer ser por sí mismos, de servir y entregarse a los demás. De acuerdo a los perfiles ya identificados,
los maestros y maestras deberán poseer una formación integral que los mantenga
relacionados con las creaciones literarias, científicas, tecnológicas y de
cultura universal, con las competencias requeridas en su ámbito para la
producción de bienes y servicios que demanda la sociedad.
Su
formación deberá ser sólida en humanidades y ciencias fundamentadas en
conocimientos del nivel superior en matemáticas, ciencias sociales y ciencias
de la naturaleza, con un nivel de conocimientos en estas áreas por encima de
los contenidos que aborda el currículo de la educación preuniversitaria.
Se aspira
a que el docente tenga pleno dominio de los aspectos inherentes a la Planificación, a la Gestión, al Seguimiento, a la
Evaluación de los procesos formativos, a la Investigación, a la
innovación, integrando asertivamente la Tecnología Educativa, (TED), así como a
que sea capaz de gestionar adecuadamente el tiempo de manera tal que las
experiencias formativas de las y los estudiantes cobren cada vez mayor
significado y les agreguen valor a su proceso educativo.
Deberá
estar comprometido con el fortalecimiento de una educación inclusiva, sin
exclusión y que valore la diversidad como oportunidad para generar prácticas
educativas en las que se promueva la equidad, y sea capaz de promover un clima
y un ambiente de aprendizaje agradable, cálido, de acogida, valoración y
respeto para todas y todos los estudiantes, entre otras.
Dentro de
sus competencias específicas, el docente tendrá que dominar la estructura
conceptual, métodos de indagación, aplicaciones, actitudes y valores de sus
áreas y/o disciplinas y comprender la naturaleza específica y la didáctica de
su área y/o disciplina: principios y estrategias metodológicas que orienten la
enseñanza de las áreas del currículo oficial.
Aspectos esenciales del maestro
Una condición fundamental del buen maestro
es su compromiso con la formación humana. Formar es influir en la manera de ser
y actuar de los alumnos, y es un proceso que involucra tanto la razón como la
sensibilidad. La posibilidad de formar exige al maestro un proyecto de vida
consecuente con los principios que orientan su labor educativa. Es también una
labor esencial del buen maestro tender puentes que comuniquen los alumnos con
diversos dominios del conocimiento; señalar horizontes inagotables de saber;
descorrer cortinas que ocultan la verdadera naturaleza de los fenómenos y las
cosas.
El maestro debe ser capaz de expresar y
sentir ternura, estar siempre abierto y sensible a las vivencias afectivas de
los alumnos; transmitir en la experiencia de enseñar el goce del conocimiento;
revelar a sus discípulos la manera cómo el conocimiento embellece la vida;
contagiarles de actitudes de respeto hacia sí mismos, de entusiasmo y calidez
en su relación con los otros, de autoconfianza y valoración de sus
posibilidades.
Debe ser una persona organizada en sus
ideas, segura, y bien documentada para que su palabra comunique con claridad,
convenza, tenga impacto, y movilice los alumnos hacia cambios significativos.
Que maneje apropiadamente las diversas técnicas, recursos, y métodos de
comunicación necesarios para hacer más atractiva y eficiente la transmisión de
sus mensajes.
Presentación personal
La belleza es vitalidad, es una fuerza
interior que se irradia a través de todo el cuerpo: gestos, movimientos,
miradas, posturas, atuendos, silencios, expresiones.
La apariencia corporal es el reflejo de nuestro estado interior. Si
poseemos paz y armonía espiritual nuestras expresiones, posturas, y movimientos
lucirán más esbeltos, espontáneos y coordinados.
El maestro tiene que mirarse a sí mismo,
descubrir que reflejan sus expresiones corporales, percatarse de la fuerza
comunicativa que tiene y proyecta su cuerpo. El rasgo más hermoso que puede
acompañar la presentación del maestro es una actitud que revele nítidamente
alegría, sensibilidad, compromiso, esfuerzo, deseo de superación, convicción moral,
y honradez intelectual.
Lenguaje y conocimiento
Además de la comunicación, otra función
esencial del lenguaje es la representación. La concepción del mundo que poseen
los pueblos está plasmada en su sistema lingüístico. El lenguaje permite tanto
la génesis del pensamiento como su expresión. El repertorio lingüístico que
conocemos y manejamos sirve de vehículo a una forma particular de pensar. Las
ideas y conceptos de las ciencias se configuran por medio del lenguaje. Según
Schaff "Aprendemos las ideas a través de las palabras". El lenguaje
no sólo permite nombrar la realidad que conocemos sino explorar lo desconocido.
El lenguaje del maestro, que constituye el
medio fundamental de interacción en el proceso educativo, no es neutral. Indica
a los alumnos un punto de vista sobre el mundo al que hace referencia y sobre
la actitud para pensar acerca de él. Por ejemplo, cuando un docente enseña en
clase un fenómeno natural, un concepto histórico, o un problema matemático, no
sólo está transmitiendo información y datos objetivos sino que también expresa
valoraciones, preferencias, y visiones de orden subjetivo.
A pesar de que los medios de comunicación
tienden a generalizar ciertos patrones verbales, no todos los niños manejan los
mismos formatos de habla. En los estratos sociales de clase media y alta los
alumnos exhiben una capacidad de verbalizar mayor que los de sectores
marginales. Algunos niños no disponen de los recursos lingüísticos adecuados
para expresar sus sentimientos e ideas más allá del entorno inmediato.
Muchas veces el fracaso escolar obedece a
estas limitaciones lingüísticas que impiden al alumno referir, describir, o
nombrar los conocimientos y objetos de aprendizaje en los términos que espera
el maestro y que la cultura escolar valida.
Afectividad y aprendizaje
La escuela suele disociar el aprendizaje
de los sentimientos, relegando así el mundo afectivo de la experiencia
intelectual. En consecuencia las personas actúan regidas primordialmente por
sus razonamientos lógicos sin considerar las implicaciones humanas de sus
actuaciones, sin sentir el conocimiento. Tampoco se mezcla el aprendizaje con
la alegría, la motivación, el entusiasmo, el deseo, y las distintas sensaciones
corporales. Es indispensable recuperar una actitud amorosa en la cotidianeidad
educativa. El amor nutre la preocupación constante y sincera por el
mejoramiento del otro.
Una atmósfera cálida y humana es siempre
garantía de un aprendizaje mejor y más significativo.
Adicionalmente a los logros académicos un ambiente así desarrolla otras actitudes esenciales para un buen desarrollo personal tales como: confianza en sí mismo; capacidad de escucha; aumento de la creatividad; disfrute de la compañía de los demás; capacidad de dar y recibir ternura; capacidad de expresar con espontaneidad distintos sentimientos.
Adicionalmente a los logros académicos un ambiente así desarrolla otras actitudes esenciales para un buen desarrollo personal tales como: confianza en sí mismo; capacidad de escucha; aumento de la creatividad; disfrute de la compañía de los demás; capacidad de dar y recibir ternura; capacidad de expresar con espontaneidad distintos sentimientos.
La afectividad es un elemento presente y
fundamental en todos los eventos de interacción escolar. En la construcción de
una nueva escuela más vinculada con la vida, el conocimiento y el afecto tienen
que estar estrechamente relacionados. Si un maestro no revela un interés
profundo y sincero en las disciplinas que enseña difícilmente hará
significativa y motivante para los alumnos la experiencia de aprender. La tarea
de enseñar debe irradiar alegría, verdad, y convicción para que induzca
aprendizajes jubilosos y comprometidos.
Enseñanza y comunicación oral
Decir no es enseñar. La verdadera
pedagogía se funda en una comunicación recíproca entre el maestro y el alumno.
Podemos hablar con más belleza, fuerza, y convicción de lo que hemos sentido y
experimentado. Sólo la palabra que tiene un claro sabor a vivencia llega al
alumno y lo incita a crecer.
La comunicación es deseo y necesidad de
conocer. Exige interés en el otro, capacidad de escucha, apertura, disposición
a percibir lo que el interlocutor siente y piensa. Comunicarse es atreverse a
estar cerca, es asumir el riesgo de que el otro nos sorprenda. La efectividad y calidad de la comunicación
oral dependen de la habilidad del maestro para emplear los métodos correctos en
el momento oportuno, y del gusto y propiedad con que maneja su tema de
exposición.
Con su palabra el maestro exalta o degrada
el espíritu de sus alumnos. Un reproche o un elogio pueden marcar el destino de
un niño. El respeto, la prudencia, la ecuanimidad, la sabiduría deben iluminar
siempre las expresiones verbales del docente.
El maestro debe reconocerse como sujeto
que, aún inconscientemente, está comunicando. Nuestras palabras comportan más
significaciones de las que queremos expresar; llevan consigo valoraciones y
sentidos inconscientes.
Entornos de aprendizaje
Más que un simple dispensador de
información el maestro debe ser un arquitecto de ambientes, condiciones,
entornos, y situaciones donde los alumnos puedan explorar, experimentar, y
construir conocimiento.
Enseñar es mostrar senderos, sugerir rutas
hacia lo desconocido. Es necesario dar a los alumnos la oportunidad de
transitar su propio camino y encontrar las cosas por sí mismos. Lo importante
es enseñar a aprender. Heidegger anotaba que "enseñar es más difícil que aprender porque enseñar significa dejar
aprender". En el aprendizaje es más importante el proceso que el
resultado. El verdadero maestro no es el que atiborra de información y
conocimientos a sus discípulos, sino el que alimenta en ellos su deseo de
aprende.
La formación intelectual y profesional que
reciben los maestros en las instituciones educativas formales no necesariamente
satisface los intereses, expectativas, deseos, o sueños de los alumnos.
Un maestro con sabiduría, sensibilidad, y
respeto puede iluminar y alentar en sus alumnos opciones de vida y aprendizaje
que les permita una auténtica realización personal. Una nueva escuela que responda
a las necesidades esenciales del ser humano exige un maestro audaz e intuitivo
que no sólo crea en los modelos tradicionales de desarrollo personal y social.
Enseñar a preguntar
La misión de la escuela no es ofrecerle al
alumno repertorios de respuestas, sino enseñarle a preguntar. Los más grandes
desafíos a las posibilidades humanas los ofrecen precisamente las preguntas que
no tienen solución fácil. Es necesario construir una pedagogía de la pregunta.
El deseo de preguntar es inherente a la condición humana. El auténtico maestro
no sólo muestra una permanente disposición por preguntar, sino que respeta y
valora las preguntas de los alumnos.
Ni lo insólito, ni lo absurdo, ni lo
irreverente, ni lo elemental de las preguntas que formulen los alumnos
justifican una reacción de burla, rechazo, o desprecio por parte del docente.
En muchas ocasiones este tipo de interrogantes han sido el punto de partida de
grandes desarrollos en la ciencia y en el arte.
Las múltiples
inteligencias
La investigación cognitiva actual ha
demostrado que los seres humanos poseen distintos tipos de inteligencia, los
cuales determinan formas y estilos diferentes de aprender, recordar, actuar, y
comprender. Para abarcar adecuadamente el ámbito de la cognición humana es
necesario incluir un repertorio de aptitudes más universal y amplio.
Es preciso
también admitir la posibilidad de que muchas de estas aptitudes, si no la
mayoría, no se prestan a mediciones por medio de la expresión oral o escrita,
que dependen en gran medida de una combinación de capacidades lógicas y
lingüísticas.
Las teorías psicológicas sobre la
inteligencia no pueden ignorar las diferencias existentes entre los contextos
en que viven y se desarrollan los seres humanos. En vez de suponer que tenemos
una inteligencia independiente de la cultura en que nos toca vivir, hoy muchos
científicos consideran la inteligencia como el resultado de una interacción,
por una parte, de ciertas inclinaciones y potencialidades, y por otra, de las
oportunidades y limitaciones que caracterizan un ambiente cultural determinado
(Gardner, 1994).
La búsqueda de la comprensión
Numerosas investigaciones han constatado
que la mayoría de los alumnos carecen de un nivel adecuado de comprensión.
Aunque demuestran en clase un dominio aceptable de algún tema- una ley física,
un axioma matemático, un principio sociológico, un estilo literario, un ritmo
musical- son incapaces de aplicarlos a un nuevo contexto. Si se alteran
ligeramente las condiciones en que los evalúan, las competencias y destrezas
que habían demostrado desaparecen.
La comprensión profunda de los diversos
objetos de conocimiento no ha sido un objetivo prioritario de nuestra escuela.
Los maestros promueven y aceptan un conocimiento ritual, y estereotipado. Se
satisfacen con respuestas que son sólo un recuento verbal o escrito más o menos
preciso de hechos, conceptos, o problemas que han enseñado.
Por qué los alumnos no logran comprender
adecuadamente lo que se les enseña? Una razón posible es que quienes tienen la
responsabilidad de la educación no han apreciado el enorme poder de las
concepciones iniciales, estereotipos, y esquemas que los alumnos traen a la
escuela, ni la dificultad para modificarlos o erradicarlos.
No
han sido capaces de ver que casi en todo estudiante hay una mente de un niño de
cinco años sin ninguna escolaridad que pugna por salir y expresarse (Gardner, 1993).
El nuevo rol del maestro
Es necesario que el maestro esté siempre
aprendiendo. Los buenos maestros no serán necesariamente aquellos que más
conocen la información teórica y fáctica de una disciplina, sino los que
permanentemente y de manera creativa estén incorporando a su trabajo docente la
nueva información que se genera. El nuevo maestro que necesita la sociedad
moderna debe ser un experto en aprender, no simplemente una persona con
formación especializada en un área del conocimiento.
El buen maestro no es aquel que pretende
que sus discípulos lo imiten. El maestro verdadero es el que alienta y
estimula:
- la audacia de ser diferente
- el deseo de explorar lo desconocido
- el valor de disentir de las creencias y opiniones generalizadas
- las ganas de soñar otros mundos
- el conocimiento de sí mismo
- la lucha por la libertad
- el derecho a la felicidad
- la búsqueda de la belleza
- la rebelión contra la injusticia
Valores
La misión fundamental de un educador es
cultivar el espíritu de los alumnos, no atiborrar su cerebro de conocimientos.
El discípulo debe ver en su maestro un portador de los mejores valores de la
sociedad: la autenticidad, la pasión por el conocimiento, la honradez, la
disciplina, la generosidad, la autocrítica, la sencillez, el patriotismo, la identidad
cultural, el respeto por la naturaleza, la valoración de lo estético, el
optimismo frente al futuro. Sólo si la educación logra atraer y comprometer a
los mejores hombres, podrá pensarse en proyecto educativo que responda
cabalmente a las necesidades y expectativas de la sociedad.
Un maestro no tiene que ser el ejemplo
viviente de todas las virtudes, ni el único o mejor modelo que sigan los
alumnos en todos los campos. Sí debe ser un testimonio de superación y
desarrollo humano permanente. Es necesario que cada día sienta la necesidad de
crecer, de elevar su condición humana.
Sólo si el maestro es capaz de exigirse
siempre búsquedas más elevadas en lo cognitivo, lo sensitivo, lo estético, y lo
afectivo, sintiendo que entrega en su trabajo lo mejor de sí mismo, podrá
mostrar a los alumnos que hay muchos campos en los cuales sería hermoso y
necesario crecer, alentando en ellos un deseo constante de lucha y superación.
La lectura vital
El éxito o fracaso en el aprendizaje de la
lectura determinan en gran medida la posibilidad de una buena formación
académica posterior. La falta de interés en la lectura y las dificultades para
su aprendizaje se suelen atribuir a factores relacionados con el desarrollo
físico, la capacidad perceptivo-visual, el sistema nervioso, o el potencial
cognitivo. Así mismo, un niño puede tener razones psicológicas válidas para no
desear leer.
Suponer que todos los alumnos se sienten igualmente atraídos y
motivados frente a la lectura es equivocado. Aunque se aprecia el valor funcional
y práctico que tiene la lectura - como herramienta para buscar información,
para interactuar socialmente, para trabajar, para aprender - no es común
reconocer su valor como fuente de placer y alegría, como medio para vivenciar
la dimensión estética de la escritura.
La manera como el maestro presenta la
lectura y el valor y significado que le otorga a ésta, determinan la calidad de
su aprendizaje. Si un alumno percibe que para su maestro la lectura forma parte
de su cotidianidad, que ha influido y enriquecido su autoconcepto y su relación
con el mundo, que ilumina y orienta su vivir y su trabajo, igualmente
encontrará significativo el aprendizaje y la práctica de la lectura.
La expresión escrita
Es común que los docentes hagan a los
alumnos demandas excesivas en cuanto a los aspectos caligráficos, ortográficos
y gramaticales de su producción escrita, prestando escasa atención al proceso
de planeación, monitoreo, y construcción de un texto claro y significativo.
Existe la idea generalizada de que aprender
a escribir es un proceso lineal, ascendente, ordenado, que discurre a través de
etapas previsibles. Distintos estudios sobre el aprendizaje de la lengua
escrita revelan que es un proceso complejo, discontinuo, lleno de altibajos,
largo, y de afinación continua. Sólo cuando los alumnos tienen la oportunidad
de producir distintos estilos de textos, con contenidos que ellos eligen, y que
realmente cumplen una función comunicativa, están desarrollando verdaderas
competencias de escritura.
Es preciso rescatar la escritura de los
afanes que suelen marcar las tareas escolares. Escribir bien es una habilidad
que solo se logra con mucha disciplina y dedicación. Un factor que el maestro
suele olvidar con relación al aprendizaje de la escritura es el tiempo. No basta
que se le dé a los alumnos oportunidad de interactuar con diversos materiales
escritos; es necesario permitirles que planeen, reflexionen, documenten,
controlen, y revisen con detenimiento y cuidado sus producciones escritas.
El proyecto educativo institucional
Es una estrategia a través de la cual se
puede gestar la formación del nuevo ciudadano que reclama el país. Es una
posibilidad para que maestros, alumnos, y comunidades desplieguen su autonomía
y ejerzan con protagonismo su derecho a participar en la creación de una
sociedad más amable, solidaria, reflexiva, y vital. Es la búsqueda del sentido
y la identidad de las instituciones educativas para transformar y mejorar los
procesos pedagógicos y administrativos.
Es una oportunidad especial para que
cada institución sueñe y defina su misión, sus propósitos, y tareas. No es un
texto más de planeación rutinario y obligatorio. Es un proceso permanente de
construcción colectiva que debe considerar:
- Las tendencias y visiones educativas en el ámbito mundial
- Las necesidades de mejoramiento cualitativo y cuantitativo de la educación.
- Las normas y leyes sobre el sistema educativo
- La vocación educativa, la filosofía, e identidad formativa de la institución.
- La historia y la dinámica propia de la institución
- El contexto social, ambiental, y cultural
- Las capacidades académicas y humanas del personal docente
- Las posibilidades y demandas de la población a la cual sirve
- Los mejores ideales educativos de los maestros y la comunidad
Un propósito loable del nuevo maestro es
atenuar la rigidez característica de la educación formal, contribuyendo a
transformarla en una experiencia más lúdica y divertida. La experiencia escolar
no puede seguir siendo un tributo a la monotonía, al aburrimiento, a la
memorización sin sentido. Es urgente y necesario poner en cuestión el viejo
precepto según el cual "el sufrimiento es una condición para
aprender". Los educadores no tienen que poner cara solemne para conseguir
que los alumnos les respeten y obedezcan. El rigor científico no riñe con un
tono festivo.
La seriedad ante el trabajo y la vida no
implica una actitud acartonada, rígida y ceremoniosa. Creerse sabio es lo más
ridículo que uno pueda imaginar. El buen sentido del humor refleja una gran
capacidad crítica y agudeza de análisis. Aunque el humor suele asociarse a la
frivolidad, y considerarse opuesto a la seriedad y a la formalidad, es parte de
una actitud concienzuda y rigurosa.
El silencio
No sólo la palabra es portadora de las
enseñanzas de un maestro. También con su silencio puede irradiar conocimientos,
valores, y actitudes. La profundidad y riqueza de un mensaje no depende de su
longitud o intensidad verbal. Comunicamos incluso cuando callamos.
A veces sin que nos demos cuenta el cuerpo
habla por nosotros. La dinámica del cuerpo puede rebasar el poder de la
palabra. Una simple mirada crea o destruye; alienta o inhibe; invita o detiene;
aprueba o censura; realza o minimiza. Carlyle escribió: "El silencio es
tan profundo como la eternidad. La palabra es tan superficial como el
tiempo".
Las nuevas tecnologías
Utilizando recursos de la informática, los
multimedios, y las telecomunicaciones se vienen desarrollando en diversos
lugares del mundo innovadores programas educativos concebidos en torno a los
mejores ideales pedagógicos y didácticos: planeación y gestión escolar
descentralizadas; currículos interdisciplinarios; exigencias permanentes de
capacitación y actualización docente; aprendizajes basados en proyectos;
trabajo cooperativo de los alumnos; nuevos esquemas de participación de la
comunidad en el trabajo escolar; docentes que estimulan, orientan, y dinamizan
el aprendizaje; alumnos que participan activamente en la construcción de su
conocimiento; una evaluación más comprensiva y sistemática, centrada en la
capacidad de aplicar el conocimiento a la solución de problemas, y que reconoce
las diferencias en el estilos y ritmo de aprendizaje de los alumnos.
Todas las áreas del currículo escolar
podrían sufrir sustanciales cambios en su enseñanza y aprendizaje utilizando en
ellas recursos informáticos. Más que cualquier otro invento tecnológico, el
computador ha expandido las posibilidades humanas de representar, y almacenar
conocimientos de todo tipo.
Como lo anota Pagels (1991), la capacidad
que tienen estas máquinas para manejar enormes volúmenes de datos y simular la
realidad nos abre una nueva ventana para ver la naturaleza, nos permite
observar la realidad desde un ángulo diferente. Es posible que comencemos a
percibir el mundo y el universo en forma distinta sólo porque el computador
produce conocimiento de modo diferente al de los tradicionales instrumentos
como el microscopio y el telescopio.
Aprendizaje por proyectos
La capacidad de interacción personal y
social es considerada en la sociedad moderna una competencia fundamental para
el éxito en el trabajo. En un mundo cada vez más globalizado, la habilidad para
trabajar en grupo, con personas de diversas tradiciones y creencias morales,
culturales, políticas, y sociales, resulta esencial.
Aún poblaciones estudiantiles aisladas por
limitaciones físicas, capacidades intelectuales, factores socioeconómicos, o
condiciones geográficas pueden usar las telecomunicaciones para integrarse y
conformar grupos de trabajo.
Los computadores ofrecen un rango amplio
de herramientas para ayudar a los alumnos a trabajar cooperativamente en la
producción de conocimiento. Muchos programas permiten al usuario indagar causas
y efectos, manipular variables, y resolver problemas en parejas o en grupos. A
través de redes de computadores un grupo de alumnos de diversos grados e
instituciones pueden emprender conjuntamente ciertas tareas de aprendizaje,
participar en la realización de proyectos de investigación, elaborar periódicos
escolares, carteleras, boletines, u otras publicaciones.








